La creatividad: una estrategia para la vida

Si nos remontamos a un pasado cercano, la palabra creatividad no se oía fuera del círculo artístico, pero en la actualidad, ha cobrado importancia única y fundamental para poder afrontar un futuro incierto y poblado de problemáticas a resolver.

La creatividad forma parte de las llamadas capacidades blandas, las cuales serán imprescindibles para competir en un mundo cambiante e incierto. Junto a la reflexión, la sistematización, la empatía, el poder de aprender y desaprender con rapidez y certeza, se encuentra la creatividad como herramienta fundamental en el desarrollo de la inteligencia artificial.

Lo que caracteriza a la creatividad es la flexibilidad y la originalidad para resolver situaciones cotidianas. El hecho de idear una solución nueva y eficaz, incluso para un pequeño problema, es uno de los pilares de este tipo de capacidad.

La creatividad auténtica se demuestra en ese talento personal suplementario que algunas personas añaden a sus actividades cotidianas. Debe tener disciplina y siempre apartarse de la negligencia o la novedad por la novedad en sí. El camino a seguir puede incurrir en lo extraño y poco práctico, pero al final debe llevar a un resultado o a una acción que colme un propósito de modo admirable.

Solo hay que animarse y recordar las palabras del escritor Mark Twain: «El hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa». Anímese a desarrollar la originalidad, ya que la clave está en desarrollar ideas o soluciones originales a los problemas que se plantean diariamente.

Todos podemos ser creativos, no es necesario ser un genio para lograr cambios valederos y hacernos la vida más llevadera. En la creatividad el pensamiento reside en la colaboración productiva entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro y todos poseemos esto, no solo las personas con un coeficiente intelectual alto.

Para terminar, hay que tener en cuenta que no hay éxito sin trabajo duro. El único rasgo que distingue a la gente creativa es la originalidad sumada a la perseverancia, además de tener claro que se deben buscar soluciones que eviten quedarse en la zona de confort, un camino trillado y demasiado familiar que lleva los mismos resultados de siempre. Parafraseando al inventor Thomas Edison podemos agregar que en la vida «el uno por siento es inspiración y un noventa y nueve por ciento es transpiración».

Hasta la próxima…

¿Y dónde quedó la ternura?…

La ternura, sinónimo de delicadeza, suavidad, dulzura, amor es todo lo contrario a la dureza, al odio, a la indiferencia, al egoismo…Imagen

Si sacamos el pie del acelerador solamente un segundo, si nos miramos, aunque sea brevemente, nos damos cuenta que avanzamos sin sentimientos positivos: somos nosotros ante todo y nuestro mecanismo de defensa es la agresividad y el codazo al otro, en todos los órdenes de la vida, para poder llegar primero, Dios sabrá adonde….

La ternura es la que lleva a la simpatía, que hace que se participen las alegrías y las penas de los otros, que no se sienta uno indiferente a lo que sienten los demás. No hay pecado mayor a los ojos de todo el mundo como la indiferencia, para conmoverse cuando los otros se conmueven, el «ponerse en su lugar», significa conquistar su simpatía en virtud de ese poder de cautivar a los otros para sentirse pleno y llegar a ser nosotros en todo el sentido amplio de la palabra.

Tal vez pensemos , seguro porque nos conviene, que la reciprocidad de la simpatía es una consecuencia de la gratitud: «vos me sonreís, yo te sonrío», ¿quién empieza?; la justificación es ACCIÓN – REACCIÓN.

Pero, precisamente, la gratitud no se manifiesta en todos de la misma manera y en su plenitud, consiste en «comprender» al otro que ha actuado en favor tuyo y en tu interés, no en el propio; el poder medir el interés y la bondad que nos dan los otros, es una consecuencia o efecto de la ternura.

Parafraseando al filósofo Gastón Berger, este nos decía que no existen sobre la tierra más que dos cosas preciosas: la primera es el amor; la segunda, mucho más atrás, la inteligencia. Por lo demás el amor y la inteligencia no son separables para quien entienda su sentido… 

Y les dejo esta pregunta ¿somos realmente inteligentes?…

Hasta la próxima.

 

La negociación forma parte de lo cotidiano

Saber negociar en la vida privada, social y profesional no es tarea fácil.

Pensamos siempre que los negocios eran asunto de unos pocos: los diplomáticos negocian a nivel país, la patronal negocia con los empleados, etc.; pero en la actualidad, y a veces en forma inconsciente, negociamos todos. Tarde o temprano todos nos hallamos en el papel de negociación y con frecuencia defendiendo un asunto que a cada uno de nosotros, desde nuestro punto de vista, nos parece muy importante: el marido negocia con su mujer, los padres con sus hijos, amigos,etc.

En cualquier caso, el negociar es un arte.

Una negociación buena es aquella en que cada parte considera que ha obtenido lo que quería, es un juego donde ninguno  tiene que perder, es un juego donde ninguno sale descontento: es un juego donde ambas partes ganan, si no, no sirve.

El tema es demasiado amplio para abarcarlo de una sola vez: hoy voy a hablar de la negociación permanente, la que no nos queda otra que realizar en lo diario, en lo de todo los días con las personas que nos rodean: parejas, hijos, compañeros de trabajo, etc.

y… ¿por qué debemos negociar? Lamentablemente, en la actualidad, nadie tiene tiempo para «estar» con el otro; para colaborar , para ponerse de acuerdo, hace falta más paciencia… ¡que palabra tan difícil, creo que ya ni nos acordamos que existe!; en cambio para negociar siempre se recurre a la prueba de fuerza y a la ley del mínimo esfuerzo… al plazo breve contra las soluciones a larga distancia.

Pongamos un ejemplo simple: Un hijo le pide el auto a su papá porque es sábado y quiere salir con los amigos. En la mente del padre se manifiesta todo esto: van a tomar, van  a andar fuerte, le pueden robar o dañar el auto y, por otro lado: ya es grande, es un buen chico, nunca me trajo problemas, se lo merece, etc.

El hijo espera impaciente pensando en todo lo positivo  y que él es merecedor de lo que acaba de pedir. ¿Qué hacemos? Sin duda, le prestamos el auto pero antes de darle la llave le damos todas las pautas necesarias, las que debe cumplir sí o sí, si no, no hay más auto: no beber en demasía, no correr, cerrar bien el auto y dejarlo en un lugar seguro y, por supuesto se negocia una hora de llegada y de paso, una «limpieza» sin cargo. Siempre se negocia aunque no nos demos cuenta: para que pueda tener otra vez el auto debe cumplir con lo establecido por el padre, el cual es el dueño y es el que paga.

Como los tiempos cambian, la situación cada vez es más complicada; antes había un jefe, el hombre es el que tenía la última palabra, lo que este decía todo el mundo lo acataba: no había conflicto, estoy haciendo referencia  a lo privado: una pareja y sus hijos.

Hoy ya no existe un «jefe» de familia, sino una pareja; y está perfecto que así sea y, ¡no soy feminista!, está perfecto que ambos puedan expresarse y ponerse de acuerdo en las ocasiones importantes, pero falta…paciencia.

Lo ideal sería UNO +UNO = UNO, sería una pareja armónica: salir  a los mismos lugares, opinar lo mismo sobre la educación de sus hijos, coincidir  con amigos comunes, actividades dentro y fuera del hogar, trabajo en casa y fuera de ella, obligaciones según el sexo ¿qué es eso? y así, la lista es infinita, cada vez se agranda más… Si esta ecuación se lograra no habría ninguna necesidad de negociación permanente; pero la realidad es otra: las parejas y su entorno no escapan a las «pequeñas» desavenencias de cada día, a los «humores» y tensiones. A estas les es necesario negociar su propia felicidad.

No hay que olvidarse que la primera característica de un negociador consiste en saber perder aún habiéndolo hecho para ganar, saber perder en determinadas ocasiones, es SABER GANAR.

Hay que saber hacer concesiones,, en el «juego del columpio» no es necesario que sea siempre el mismo el que presiona pero , lamentablemente siempre llegamos a la base del problema : saber comunicarse, ahí radica todo.

La negociación es un diálogo, en el sentido platónico del término: no la confrontación, ni la oposición de dos puntos de vista, sino su asociación para obtener una meta común.

Pongan atención en la siguiente metáfora : la discusión es como un tren formado por argumentos – vagones solidarios. Cualquier frase debe ir ligada a la precedente para poder ser accionada por la  locomotora, y con la siguiente para, a su vez, arrastrar al resto.

Únicamente cuando se cumplen esas condiciones se logrará la progresión hacia un compromiso, al mismo nivel del lenguaje. Por lo tanto evitemos frases como: «como prefieras», «esto te interesa  a vos no a mí» o «esto es así y punto», «creo que no hay más nada que hablar», etc.

La mejor manera de llevar una negociación a buen término, sin importar el ámbito ni quienes intervienen, es cambiar el punto de vista del interlocutor: preguntar es lo mejor y teniendo en cuenta la respuesta poder demostrarle que los beneficios son mucho más importantes que las objeciones que se puedan plantear. 

Hay que lograr con la práctica que la negociación, en cualquier nivel, no se quede en un mero hecho sino que se convierta en una TENDENCIA; la diferencia radica en que todo puede suceder alguna vez. Pero eso no significa que tenga que repetirse. Un único suceso no establece una tendencia, pero si se repiten siempre los mismos errores y cada negociación nos deja nada más que un sabor amargo, nadie sale bien parado y tenemos la sensación que no dijimos todo lo que teníamos que decir ni en la forma adecuada,¡ojo!, se está dando una tendencia y hay muchas posibilidades de que se repita la historia… Tener conciencia de ello les ayudará a actuar con prudencia, a no cometer los mismos errores de comunicación y a tener en cuenta que el juego es de «ganar – ganar»  para todos. Más vale un poco de cautela que mucho remordimiento. 

El poner al «otro» en un primer plano lo es todo, ahí es donde debemos cambiar, aprender  a lograrloImagen es una cuestión de actitud, ¿no les parece?

 

La gaviota que más alto vuela es la que ve más lejos…

La gaviota que más alto vuela es la que ve más lejos...

La habilidad sin desafío genera aburrimiento. Mientras que el desafío sin habilidad genera ansiedad.
El equilibrio entre ambas cosas genera productividad.
De nada nos sirve desvelar todos los secretos del mundo si no sabemos adaptarlos a nuestra vida y sacar de ellos el mejor provecho para contribuir a un mundo mejor.
Todos sabemos lo que es correcto y hacemos lo que tenemos que hacer pero, en lo más profundo de nuestro ser siempre queda una asignatura pendiente que por miedo, la mayoría de las veces al «que dirán» o al «seré capaz de hacerlo», nunca la llevamos a cabo.
Todo es cuestión de empezar y dejar que fluya, hacer todo lo necesario para lograrlo y aprovechar lo que esté llegando…

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Tú mismo debes hacer realidad tus metas.

Tú mismo debes hacer realidad tus metas.

¿Pensás que alguien llega por casualidad, sin proponérselo, a la cima del monte Everest? Pues estás muy equivocado. Para llegar allí arriba hay que planear cada detalle, entrenarse mucho, prepararse como mínimo durante cuatro años, disponer de muchísimo dinero y tener acceso a mucha tecnología de avanzada. Si no es así, ¡se corre el riesgo de morir en el intento!
Sin planificación es imposible alcanzar grandes metas…
Es fundamental tener objetivos claros; si no es así daremos vueltas y vueltas y nunca lograremos nada: LA GRAN DIFERENCIA ENTRE UN SUEÑO Y UNA META ES QUE AL SUEÑO LE PUSISTE UNA FECHA PARA LOGRARLO.

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El encanto y la mirada

Sin duda nuestros ojos son la parte más expresiva del rostro. También  son el elemento más importante para controlar el impacto que se ejerce sobre otras personas; a tal punto nos juega  a favor o en contra que si alguien causa una pobre impresión social, suele ser consecuencia de un inapropiado contacto visual, sobre todo durante una conversación.

Se ha filosofado mucho sobre la mirada. Los mitos le han dado una especie de poder mágico: la mirada de Orfeo a Eúridice separa para siempre a los amantes, la mirada de la mujer de Lot la convirtió en una estatua de sal, Medusa y su mirada que convertía todo en piedra, Narcizo y su ego: el reflejo de su mirada le costó la vida.

Se ha hablado de miradas de terciopelo, de miradas sonrientes, de miradas de acero, miradas en las que uno se pierde, un espejo, un reflejo o ventanas del alma… y todas son interesantes y válidas pero hay que adecuarlas a las situaciones.

Nuestros ojos poseen un impacto afectivo a causa del uso que hacemos de ellos; las relaciones entre los humanos están fundadas sobre el intercambio de miradas; por ejemplo, una mirada demasiado apoyada resulta cansadora e intimidante, hay que saber retener la mirada el tiempo suficiente (una tercera parte del tiempo que estoy dialogando con una persona); si mantenemos un contacto visual menor se creará una impresión desagradable de culpabilidad, aburrimiento o timidez ( las personas sumisas tienden a bajar mucho la mirada).

La mirada encantadora tiene de particular que da la impresión a la persona que la recibe, de que se la mira  a ella sola y de que ella sola es visible. Que ella sola existe. El contorno desaparece y el interlocutor en cuestión se convierte en el único centro de interés ¡Es difícil resistirse a un elogio mudo! ¿No les parece?

La mirada de negocios:en un encuentro de negocios hay que concentrar la mirada en un triángulo alto situado entre los ojos y las cejas de la otra persona, lo que indica una actitud seria por nuestra parte.

La mirada social: si queremos entablar una relación amistosa nuestros ojos deben mirar alrededor de una zona triangular entre estos, la nariz y la boca de la persona, indica calidez.

La mirada íntima: el triángulo que deben formar sus ojos se desplaza hacia abajo, abarcando el pecho y la cintura.

La Neurolingüística ha realizado estudios acerca del movimiento de los ojos, ¡nuestros ojos se mueven continuamente; cuando hablamos, cuando pensamos e incluso cuando soñamos! Entender y saber interpretar los movimientos  de estos, nos ayudan a comunicarnos mejor, a aumentar la capacidad de influir  en los demás y a poder desarrollar mejor nuestra inteligencia.

Nuestros ojos dicen al otro… si movemos los ojos hacia arriba estamos formando imágenes en nuestra mente (pensamiento), cuando nuestros ojos se dirigen hacia arriba y a la derecha, creamos las imágenes (es fácil darse cuenta cuando tu interlocutor está mintiendo o está inventando una historia si mueve los ojos hacia esa posición cuando le haces una pregunta).

Cuando miramos hacia arriba y a la izquierda recordamos imágenes, buscamos en nuestra memoria hechos para traerlos a la conversación (memoria).

Cuando movemos los ojos en el plano horizontal, estamos abriendo el canal auditivo (ponemos atención).

El movimiento de los ojos hacia abajo y a la izquierda significa que estamos hablando con nosotros mismos y si los movemos hacia abajo y a la derecha significa que tomamos conciencia de nuestro cuerpo y también que nuestro cuerpo está experimentando emociones (actividades cinestésicas).

Como verán no es difícil saber lo que te quiere comunicar el otro  a través de la mirada, solo hay que saber «leerla». El encanto en la comunicación es mucho más eficaz cuando el cuerpo y la mente están en sintonía.

Hasta la próxima.