¿Y dónde quedó la ternura?…

La ternura, sinónimo de delicadeza, suavidad, dulzura, amor es todo lo contrario a la dureza, al odio, a la indiferencia, al egoismo…Imagen

Si sacamos el pie del acelerador solamente un segundo, si nos miramos, aunque sea brevemente, nos damos cuenta que avanzamos sin sentimientos positivos: somos nosotros ante todo y nuestro mecanismo de defensa es la agresividad y el codazo al otro, en todos los órdenes de la vida, para poder llegar primero, Dios sabrá adonde….

La ternura es la que lleva a la simpatía, que hace que se participen las alegrías y las penas de los otros, que no se sienta uno indiferente a lo que sienten los demás. No hay pecado mayor a los ojos de todo el mundo como la indiferencia, para conmoverse cuando los otros se conmueven, el «ponerse en su lugar», significa conquistar su simpatía en virtud de ese poder de cautivar a los otros para sentirse pleno y llegar a ser nosotros en todo el sentido amplio de la palabra.

Tal vez pensemos , seguro porque nos conviene, que la reciprocidad de la simpatía es una consecuencia de la gratitud: «vos me sonreís, yo te sonrío», ¿quién empieza?; la justificación es ACCIÓN – REACCIÓN.

Pero, precisamente, la gratitud no se manifiesta en todos de la misma manera y en su plenitud, consiste en «comprender» al otro que ha actuado en favor tuyo y en tu interés, no en el propio; el poder medir el interés y la bondad que nos dan los otros, es una consecuencia o efecto de la ternura.

Parafraseando al filósofo Gastón Berger, este nos decía que no existen sobre la tierra más que dos cosas preciosas: la primera es el amor; la segunda, mucho más atrás, la inteligencia. Por lo demás el amor y la inteligencia no son separables para quien entienda su sentido… 

Y les dejo esta pregunta ¿somos realmente inteligentes?…

Hasta la próxima.

 

Deja un comentario