
La habilidad sin desafío genera aburrimiento. Mientras que el desafío sin habilidad genera ansiedad.
El equilibrio entre ambas cosas genera productividad.
De nada nos sirve desvelar todos los secretos del mundo si no sabemos adaptarlos a nuestra vida y sacar de ellos el mejor provecho para contribuir a un mundo mejor.
Todos sabemos lo que es correcto y hacemos lo que tenemos que hacer pero, en lo más profundo de nuestro ser siempre queda una asignatura pendiente que por miedo, la mayoría de las veces al «que dirán» o al «seré capaz de hacerlo», nunca la llevamos a cabo.
Todo es cuestión de empezar y dejar que fluya, hacer todo lo necesario para lograrlo y aprovechar lo que esté llegando…





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