El encanto y la mirada

Sin duda nuestros ojos son la parte más expresiva del rostro. También  son el elemento más importante para controlar el impacto que se ejerce sobre otras personas; a tal punto nos juega  a favor o en contra que si alguien causa una pobre impresión social, suele ser consecuencia de un inapropiado contacto visual, sobre todo durante una conversación.

Se ha filosofado mucho sobre la mirada. Los mitos le han dado una especie de poder mágico: la mirada de Orfeo a Eúridice separa para siempre a los amantes, la mirada de la mujer de Lot la convirtió en una estatua de sal, Medusa y su mirada que convertía todo en piedra, Narcizo y su ego: el reflejo de su mirada le costó la vida.

Se ha hablado de miradas de terciopelo, de miradas sonrientes, de miradas de acero, miradas en las que uno se pierde, un espejo, un reflejo o ventanas del alma… y todas son interesantes y válidas pero hay que adecuarlas a las situaciones.

Nuestros ojos poseen un impacto afectivo a causa del uso que hacemos de ellos; las relaciones entre los humanos están fundadas sobre el intercambio de miradas; por ejemplo, una mirada demasiado apoyada resulta cansadora e intimidante, hay que saber retener la mirada el tiempo suficiente (una tercera parte del tiempo que estoy dialogando con una persona); si mantenemos un contacto visual menor se creará una impresión desagradable de culpabilidad, aburrimiento o timidez ( las personas sumisas tienden a bajar mucho la mirada).

La mirada encantadora tiene de particular que da la impresión a la persona que la recibe, de que se la mira  a ella sola y de que ella sola es visible. Que ella sola existe. El contorno desaparece y el interlocutor en cuestión se convierte en el único centro de interés ¡Es difícil resistirse a un elogio mudo! ¿No les parece?

La mirada de negocios:en un encuentro de negocios hay que concentrar la mirada en un triángulo alto situado entre los ojos y las cejas de la otra persona, lo que indica una actitud seria por nuestra parte.

La mirada social: si queremos entablar una relación amistosa nuestros ojos deben mirar alrededor de una zona triangular entre estos, la nariz y la boca de la persona, indica calidez.

La mirada íntima: el triángulo que deben formar sus ojos se desplaza hacia abajo, abarcando el pecho y la cintura.

La Neurolingüística ha realizado estudios acerca del movimiento de los ojos, ¡nuestros ojos se mueven continuamente; cuando hablamos, cuando pensamos e incluso cuando soñamos! Entender y saber interpretar los movimientos  de estos, nos ayudan a comunicarnos mejor, a aumentar la capacidad de influir  en los demás y a poder desarrollar mejor nuestra inteligencia.

Nuestros ojos dicen al otro… si movemos los ojos hacia arriba estamos formando imágenes en nuestra mente (pensamiento), cuando nuestros ojos se dirigen hacia arriba y a la derecha, creamos las imágenes (es fácil darse cuenta cuando tu interlocutor está mintiendo o está inventando una historia si mueve los ojos hacia esa posición cuando le haces una pregunta).

Cuando miramos hacia arriba y a la izquierda recordamos imágenes, buscamos en nuestra memoria hechos para traerlos a la conversación (memoria).

Cuando movemos los ojos en el plano horizontal, estamos abriendo el canal auditivo (ponemos atención).

El movimiento de los ojos hacia abajo y a la izquierda significa que estamos hablando con nosotros mismos y si los movemos hacia abajo y a la derecha significa que tomamos conciencia de nuestro cuerpo y también que nuestro cuerpo está experimentando emociones (actividades cinestésicas).

Como verán no es difícil saber lo que te quiere comunicar el otro  a través de la mirada, solo hay que saber «leerla». El encanto en la comunicación es mucho más eficaz cuando el cuerpo y la mente están en sintonía.

Hasta la próxima.

 

  

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