La negociación forma parte de lo cotidiano

Saber negociar en la vida privada, social y profesional no es tarea fácil.

Pensamos siempre que los negocios eran asunto de unos pocos: los diplomáticos negocian a nivel país, la patronal negocia con los empleados, etc.; pero en la actualidad, y a veces en forma inconsciente, negociamos todos. Tarde o temprano todos nos hallamos en el papel de negociación y con frecuencia defendiendo un asunto que a cada uno de nosotros, desde nuestro punto de vista, nos parece muy importante: el marido negocia con su mujer, los padres con sus hijos, amigos,etc.

En cualquier caso, el negociar es un arte.

Una negociación buena es aquella en que cada parte considera que ha obtenido lo que quería, es un juego donde ninguno  tiene que perder, es un juego donde ninguno sale descontento: es un juego donde ambas partes ganan, si no, no sirve.

El tema es demasiado amplio para abarcarlo de una sola vez: hoy voy a hablar de la negociación permanente, la que no nos queda otra que realizar en lo diario, en lo de todo los días con las personas que nos rodean: parejas, hijos, compañeros de trabajo, etc.

y… ¿por qué debemos negociar? Lamentablemente, en la actualidad, nadie tiene tiempo para «estar» con el otro; para colaborar , para ponerse de acuerdo, hace falta más paciencia… ¡que palabra tan difícil, creo que ya ni nos acordamos que existe!; en cambio para negociar siempre se recurre a la prueba de fuerza y a la ley del mínimo esfuerzo… al plazo breve contra las soluciones a larga distancia.

Pongamos un ejemplo simple: Un hijo le pide el auto a su papá porque es sábado y quiere salir con los amigos. En la mente del padre se manifiesta todo esto: van a tomar, van  a andar fuerte, le pueden robar o dañar el auto y, por otro lado: ya es grande, es un buen chico, nunca me trajo problemas, se lo merece, etc.

El hijo espera impaciente pensando en todo lo positivo  y que él es merecedor de lo que acaba de pedir. ¿Qué hacemos? Sin duda, le prestamos el auto pero antes de darle la llave le damos todas las pautas necesarias, las que debe cumplir sí o sí, si no, no hay más auto: no beber en demasía, no correr, cerrar bien el auto y dejarlo en un lugar seguro y, por supuesto se negocia una hora de llegada y de paso, una «limpieza» sin cargo. Siempre se negocia aunque no nos demos cuenta: para que pueda tener otra vez el auto debe cumplir con lo establecido por el padre, el cual es el dueño y es el que paga.

Como los tiempos cambian, la situación cada vez es más complicada; antes había un jefe, el hombre es el que tenía la última palabra, lo que este decía todo el mundo lo acataba: no había conflicto, estoy haciendo referencia  a lo privado: una pareja y sus hijos.

Hoy ya no existe un «jefe» de familia, sino una pareja; y está perfecto que así sea y, ¡no soy feminista!, está perfecto que ambos puedan expresarse y ponerse de acuerdo en las ocasiones importantes, pero falta…paciencia.

Lo ideal sería UNO +UNO = UNO, sería una pareja armónica: salir  a los mismos lugares, opinar lo mismo sobre la educación de sus hijos, coincidir  con amigos comunes, actividades dentro y fuera del hogar, trabajo en casa y fuera de ella, obligaciones según el sexo ¿qué es eso? y así, la lista es infinita, cada vez se agranda más… Si esta ecuación se lograra no habría ninguna necesidad de negociación permanente; pero la realidad es otra: las parejas y su entorno no escapan a las «pequeñas» desavenencias de cada día, a los «humores» y tensiones. A estas les es necesario negociar su propia felicidad.

No hay que olvidarse que la primera característica de un negociador consiste en saber perder aún habiéndolo hecho para ganar, saber perder en determinadas ocasiones, es SABER GANAR.

Hay que saber hacer concesiones,, en el «juego del columpio» no es necesario que sea siempre el mismo el que presiona pero , lamentablemente siempre llegamos a la base del problema : saber comunicarse, ahí radica todo.

La negociación es un diálogo, en el sentido platónico del término: no la confrontación, ni la oposición de dos puntos de vista, sino su asociación para obtener una meta común.

Pongan atención en la siguiente metáfora : la discusión es como un tren formado por argumentos – vagones solidarios. Cualquier frase debe ir ligada a la precedente para poder ser accionada por la  locomotora, y con la siguiente para, a su vez, arrastrar al resto.

Únicamente cuando se cumplen esas condiciones se logrará la progresión hacia un compromiso, al mismo nivel del lenguaje. Por lo tanto evitemos frases como: «como prefieras», «esto te interesa  a vos no a mí» o «esto es así y punto», «creo que no hay más nada que hablar», etc.

La mejor manera de llevar una negociación a buen término, sin importar el ámbito ni quienes intervienen, es cambiar el punto de vista del interlocutor: preguntar es lo mejor y teniendo en cuenta la respuesta poder demostrarle que los beneficios son mucho más importantes que las objeciones que se puedan plantear. 

Hay que lograr con la práctica que la negociación, en cualquier nivel, no se quede en un mero hecho sino que se convierta en una TENDENCIA; la diferencia radica en que todo puede suceder alguna vez. Pero eso no significa que tenga que repetirse. Un único suceso no establece una tendencia, pero si se repiten siempre los mismos errores y cada negociación nos deja nada más que un sabor amargo, nadie sale bien parado y tenemos la sensación que no dijimos todo lo que teníamos que decir ni en la forma adecuada,¡ojo!, se está dando una tendencia y hay muchas posibilidades de que se repita la historia… Tener conciencia de ello les ayudará a actuar con prudencia, a no cometer los mismos errores de comunicación y a tener en cuenta que el juego es de «ganar – ganar»  para todos. Más vale un poco de cautela que mucho remordimiento. 

El poner al «otro» en un primer plano lo es todo, ahí es donde debemos cambiar, aprender  a lograrloImagen es una cuestión de actitud, ¿no les parece?

 

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