¿Quiénes vivieron de su encanto?

No voy a nombrar famosos que están vigentes, mi objetivo es volver a los «ya olvidados», me parece interesante desde el cine, la pintura, la literatura, la música y otras artes recordar a grandes figuras, que si no se las nombran, quedan en el olvido y me parece que es tarea de todos hacerlas conocer, no solo por lo que han hecho, sino porque en muchos aspectos, tenemos que imitar para dejar una huella…

Jean Gabin nunca fue guapo, pero tenía un encanto poderosos y viril; Gérard Philipe tampoco era una belleza perfecta pero tenía un encanto romántico y nostálgico. Humphrey Bogart tenía unos rasgos movidos y cortados pero su encanto de duro, de corazón tierno se hizo mítico. Jean Paul Belmondo era más bien feo pero… ¿qué mujer resistía su encanto?

Para los más jóvenes: ¿qué me dicen de Dustin Hoffman?, no es ningún Apolo, es uno de tantos, pero eso mismo es lo que le da tanto atractivo y, ¿Woody Allen?, es calvo, flacucho, chiquito y lleva lentes pero tiene presencia, humor e inteligencia.

ES FUNDAMENTAL CREER EN LA REVANCHA DEL ENCANTO Y DE LA PERSONALIDAD CONTRA LA BELLEZA FRÍA, ABSTRACTA Y SUPERFICIAL…

Pero dejemos  a los hombres y vayamos a las mujeres que hicieron historia; ya hablamos de Brigitte Bardot (Ver entrada El encanto a través de la historia) y podemos agregar que no era bella en el sentido clásico de la palabra. Barbra Streisand tiene un perfil que hace temblar; Mireille Darc tenía una cara divertida y Marlène Jobert  demasiadas pecas. Jeanne Moreau tenía bolsas bajo los ojos y nunca  trató de ocultar sus arrugas; Annie Girardot un rostro muy irregular y de esta manera, seguro que a ustedes le vendrán a sus mentes muchos ejemplos más, nos damos cuenta que el encanto no tiene que ver con lo externo sino con lo que cada persona trasmite solo por querer «ser».

A partir de estos ejemplos, quiero dejar en ustedes la idea clara de que todos tienen su encanto, esa gracia misteriosa que sabe tocar en su centro la sensibilidad del otro. Existe el encanto perverso, insólito, humorístico, tierno, frontal, etc; la clave está en descubrir en cada uno de nosotros el encanto personal e individual que nos hace ser únicos dentro de la especie y que nos da el toque para ser diferentes.

El encanto consiste en detalles… detalles de la madurez, de un rostro que refleja una vida, de rasgos que se han afirmado, y sobre todo, una nueva habilidad, conseguida con los años, para revelar nueva personalidades, crean una seguridad y un equilibrio conseguido con la experiencia.

Todos, absolutamente todos, pueden ser encantadores; solo hay que conocerse, ponerse metas y tener claro qué es lo que se busca.

Hasta la próxima.

La vida te da en la medida exacta de lo que vos exigís de ella…

La vida te da en la medida exacta de lo que vos exigís de ella...

Lo que le impide a la mayoría de la gente hacer lo que desea es que no creen que eso sea posible. Como un hombre piensa, así es su vida.

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El encanto a través de la historia

«Trasmitir encanto» es responder a las exigencias y a los gustos de una base cultural ligada a una época dada; sin duda, no fueron las mismas cosas que sedujeron en la Edad Media y las que lo hicieron en la Revolución Francesa.

A principios de siglo pasado, la Belle Epoque concedía muchos encantos  a las formas opulentas, a los talles avispas, a las caderas arqueadas y a los tintes claros; personajes como: la bella Otero, Emilienne d´ Alencon, Madelaine Cralier, Lola de Berney, las grandes «cocottes» de la època no eran solo bellas, tenían suficiente encanto para embrujar a los dandies que las rodeaban.

Se preguntarán que tiene que ver el encanto de la «Belle Epoque» en pleno siglo XXI; pues, ABSOLUTAMENTE TODO. Las personas y los intereses no cambian, cambian los paradigmas y los adaptamos  y, por ende, nos adaptamos o… sucumbimos.

El encanto de todas las épocas, inclusive de la nuestra, está ligado a la personalidad y a las ambiciones.

Y seguimos recorriendo… Después de la primera Guerra Mundial (1914 – 1918), las costumbres evolucionaron rápidamente: las boquillas se alargan, nace el pantalón y la Garconne, el pelo cortado a lo varón en las mujeres; el libro de Victor Margueritte llega en el momento oportuno y hace la fortuna de su autor.

En 1940 nace el Glamour americano y volvemos al escote, talle fino, polleras y vestidos ajustados, cabelleras abundantes y largas, salud explosiva, dientes blanquísimos; es la representación de la sociedad de la abundancia.

Buena alimentación, superioridad, vida deportiva, etc. La hermosa Marylin Monroe llevará hasta su apogeo este encanto, no olvidar sus antecesoras, todas bellísimas mujeres: Rita Hayworth, Esther Williams, Jane Russell entre otras. (Por favor, los más jóvenes no deben dejar de ver el cine de la época de Oro de Hollywood, ¡vale la pena!).

Y aterrizamos en los 60, otra vez, la delgadez, las formas flacas pero interesantes, libertad, ¡todas tratan de imitar  a Brigitte Bradot! El encanto es la juventud. Y todas las madres se ponen a imitar a sus hijas…

En la actualidad ya no existen criterios tan definidos para expresar el encanto. Cada individuo dispone de más libertad y tiene que ver con las personalidades, el encanto toma múltiples aspectos y rostros. Ya no hay reglas precisas y los sistemas de referencias se hacen fluctuantes. Es cada vez más difícil invocar principios claros y hallar recetas mágicas; las imágenes y los modelos difundidos son demasiados numerosos y, por otro lado, lo físico lo, intelectual y lo afectivo nos invaden continuamente por el camino de las nuevas tecnologías.

Pero, las épocas cambian y las necesidades del hombre no; hoy más que nunca hay que valerse del encanto para poder competir para y con el otro.

Lo bueno es que el encanto se forma aunque no sea innato y se da desde adentro sin importar la edad, va más allá de la situación económica y social, supera barreras físicas e intelectuales y está disponible para todos: solo es cuestión de técnica

Hasta la próxima…

Todos los días, desde todos los puntos de vista voy de mejor en mejor.

Comenzar las mañanas con esta frase levanta el ánimo a cualquiera. Algunos podrán argumentar que es demasiado comenzar el día teniendo esta idea en nuestra mente pero, es preferible salir a la calle convencido de esto y no salir con la cabeza gacha y lleno de preocupaciones y con energía negativa que al fin y al cabo se nos vuelve en contra; ¿no les parece?

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Para comenzar…

Para comenzar….

Para comenzar…

Los tiempos cambian, el hombre no. Para sobrevivir en este mundo competitivo tenemos que adecuarnos a un sola realidad: ser mejores cada día.

El agradar, el encanto, la seducción, la empatía, el saber comunicarse eficazmente son obligaciones más que necesidades…

«Viviré este día como si fuera el último»

«¿Y qué haré de este precioso día que me queda de vida? Ante todo, sellaré este contenedor para que no se pierda en la arena ni una sola gota de vida. No desperdiciaré ni un momento de este día lamentándome de las desgracias de ayer, los defectos de ayer, los tormentos de ayer. Pues, ¿acaso el bien no sale del mal?

¿Puede la arena subir en el reloj de arena? ¿Puede el sol levantarse donde se pone? ¿Y ponerse donde se levanta? ¿Pueden borrarse y corregirse los errores de ayer? ¿Puede cicatrizar la herida de ayer y tornarse salud? ¿Puedo ser más joven que ayer? ¿Puedo anular las palabras malas que se dijeron, golpe que se asestaron, los sufrimientos que se infligieron? ¡No! Ayer está muerto y enterrado para siempre y jamás pensaré en él.»

Fragmento: El más grande vendedor del mundo.

Los años que se han vivido, las experiencias que se han acumulado, incluso si algunas han sido fracasos, son una herencia cuyo valor no hay que subestimar; sumado esto a la voluntad, al deseo de cumplir nuestros sueños, a la superación de los miedos y a ver siempre el lado positivo de la vida cada día será un nuevo desafío que valdrá la pena transitar.

Caminemos juntos…

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