Los tiempos cambian, el hombre no. Para sobrevivir en este mundo competitivo tenemos que adecuarnos a un sola realidad: ser mejores cada día.
El agradar, el encanto, la seducción, la empatía, el saber comunicarse eficazmente son obligaciones más que necesidades…
«Viviré este día como si fuera el último»
«¿Y qué haré de este precioso día que me queda de vida? Ante todo, sellaré este contenedor para que no se pierda en la arena ni una sola gota de vida. No desperdiciaré ni un momento de este día lamentándome de las desgracias de ayer, los defectos de ayer, los tormentos de ayer. Pues, ¿acaso el bien no sale del mal?
¿Puede la arena subir en el reloj de arena? ¿Puede el sol levantarse donde se pone? ¿Y ponerse donde se levanta? ¿Pueden borrarse y corregirse los errores de ayer? ¿Puede cicatrizar la herida de ayer y tornarse salud? ¿Puedo ser más joven que ayer? ¿Puedo anular las palabras malas que se dijeron, golpe que se asestaron, los sufrimientos que se infligieron? ¡No! Ayer está muerto y enterrado para siempre y jamás pensaré en él.»
Fragmento: El más grande vendedor del mundo.
Los años que se han vivido, las experiencias que se han acumulado, incluso si algunas han sido fracasos, son una herencia cuyo valor no hay que subestimar; sumado esto a la voluntad, al deseo de cumplir nuestros sueños, a la superación de los miedos y a ver siempre el lado positivo de la vida cada día será un nuevo desafío que valdrá la pena transitar.
Caminemos juntos…
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