«Trasmitir encanto» es responder a las exigencias y a los gustos de una base cultural ligada a una época dada; sin duda, no fueron las mismas cosas que sedujeron en la Edad Media y las que lo hicieron en la Revolución Francesa.
A principios de siglo pasado, la Belle Epoque concedía muchos encantos a las formas opulentas, a los talles avispas, a las caderas arqueadas y a los tintes claros; personajes como: la bella Otero, Emilienne d´ Alencon, Madelaine Cralier, Lola de Berney, las grandes «cocottes» de la època no eran solo bellas, tenían suficiente encanto para embrujar a los dandies que las rodeaban.
Se preguntarán que tiene que ver el encanto de la «Belle Epoque» en pleno siglo XXI; pues, ABSOLUTAMENTE TODO. Las personas y los intereses no cambian, cambian los paradigmas y los adaptamos y, por ende, nos adaptamos o… sucumbimos.
El encanto de todas las épocas, inclusive de la nuestra, está ligado a la personalidad y a las ambiciones.
Y seguimos recorriendo… Después de la primera Guerra Mundial (1914 – 1918), las costumbres evolucionaron rápidamente: las boquillas se alargan, nace el pantalón y la Garconne, el pelo cortado a lo varón en las mujeres; el libro de Victor Margueritte llega en el momento oportuno y hace la fortuna de su autor.
En 1940 nace el Glamour americano y volvemos al escote, talle fino, polleras y vestidos ajustados, cabelleras abundantes y largas, salud explosiva, dientes blanquísimos; es la representación de la sociedad de la abundancia.
Buena alimentación, superioridad, vida deportiva, etc. La hermosa Marylin Monroe llevará hasta su apogeo este encanto, no olvidar sus antecesoras, todas bellísimas mujeres: Rita Hayworth, Esther Williams, Jane Russell entre otras. (Por favor, los más jóvenes no deben dejar de ver el cine de la época de Oro de Hollywood, ¡vale la pena!).
Y aterrizamos en los 60, otra vez, la delgadez, las formas flacas pero interesantes, libertad, ¡todas tratan de imitar a Brigitte Bradot! El encanto es la juventud. Y todas las madres se ponen a imitar a sus hijas…
En la actualidad ya no existen criterios tan definidos para expresar el encanto. Cada individuo dispone de más libertad y tiene que ver con las personalidades, el encanto toma múltiples aspectos y rostros. Ya no hay reglas precisas y los sistemas de referencias se hacen fluctuantes. Es cada vez más difícil invocar principios claros y hallar recetas mágicas; las imágenes y los modelos difundidos son demasiados numerosos y, por otro lado, lo físico lo, intelectual y lo afectivo nos invaden continuamente por el camino de las nuevas tecnologías.
Pero, las épocas cambian y las necesidades del hombre no; hoy más que nunca hay que valerse del encanto para poder competir para y con el otro.
Lo bueno es que el encanto se forma aunque no sea innato y se da desde adentro sin importar la edad, va más allá de la situación económica y social, supera barreras físicas e intelectuales y está disponible para todos: solo es cuestión de técnica
Hasta la próxima…
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